16.Army of Sweetnes

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Y yo que quería asociarme con un guionista para dejar el humor referencial ochentero…

Bajo un Mismo Techo by Tenso y elDelirante is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-Compartir bajo la misma licencia 3.0 Unported License
REPÚBLICA DE HASSËLMORE IV
Illic tibi putrere
Fundación
Hace mucho, mucho tiempo Hassëlmore no era más que una hedionda región pantanosa donde absolutamente nadie quería vivir. Pero un día llegó a la misma ese gran promotor de cambios al que llamamos Guerra y apareció en la región un grupo de harapientos hobbits que hicieron de ese pantano su hogar.
Los hobbits llenos de esperanza y trabajo duro no tardaron en descubrir algo fundamental para el desarrollo de una ciudad: los cimientos no se ponen sobre barro. Y así fue cómo el primer poblado desapareció en las profundidades del pantano. Mas los hobbits son un pueblo testarudo, y este primer revés no iba impedir que se cumpliera su sueño de independencia. Y así fue cómo el segundo poblado también desapareció en las profundidades del pantano.
Mas la estupidez de estos hobbits era supina. En lugar de buscar otro lugar donde establecer su ciudad, a ser posible un lugar no pantanoso, decidieron dejarse guiar por un hobbit borracho, Marcelino Voydoblao, quién envalentonó a sus camaradas para levantar un tercer poblado. Y así ocurrieron dos cosas dignas de recordar en la historia de Hassëlmore: como el tercer poblado despareció en las profundidades del pantano, y cómo se originó la popular tradición de “persigue y lapida a ese gordo borracho”.
Arrepentidos por tan pueril acción los hobbits de Hassëlmore dieron digna sepultura al gran Marcelino Voydoblao, escribiendo en su epitafio la que se convertiría en el lema de la ciudad de Hassëlmore: Ahí te pudras.
Pacientemente decidieron ver como la tumba se hundía lentamente en el cieno pantanoso. Pero he aquí que aquello no se produjo. Bueno ciertamente sí lo hizo, pero sólo unos centímetros, lo justo para encontrarse con las ruinas del tercer poblado. Y así fue como los hobbits descubrieron que si echaban suficiente basura en un sitio esta terminaría rebosando sobre las agua del pantano, y así fue como se fundó Hassëlmore IV.
La época premonárquica
El tiempo pasó y, contra todo pronóstico, los hobbits medraron. Aquel poblado infecto creció hasta convertirse en esa clase de sitios que aparece en los mapas, una ciudad infecta. Aparecer en un mapa tiene un gran ventaja, que es, al contrario de lo que piensa la gente, que sabes cómo salir de un sitio.
En cambio tiene muchas desventajas. La primera es el turismo. Hay gente a quién le da por ir a visitar tu pueblo y van y te preguntan cuál es la comida típica del lugar. Luego esa gente es la misma que se ofende cuando les dices que lo que has comido es rata del pantano y crema de babosas. Pero lo peor es que a algunos de esos turistas opinan que ese lugar es pintoresco y les da por quedarse a vivir allí. Particularmente en Hassëlmore se quedaban esos típicos turistas que decían “¡Qué pintoresco, aquí no me quieren linchar!”. Y es que hay turismo que es preferible no tener.
La otra gran desventaja de aparecer en un mapa es que siempre hay alguien que decide conquistarte. Son esa clase de gente que se quedan mirando un mapa y lee el nombre de tu ciudad y dice: “¡Qué pintoresco, voy a conquistarla!”, y se plantan ahí con 10 catapultas, 200 jinetes y 600 infantes. En Hassëlmore casi siempre se repetía la misma historia: primero se desplegaba el ejército en formación perfecta, con brillantes armaduras y pendones al viento, luego acudía un embajador, acompañado por una escolta, para exigir la rendición de la ciudad y mientras parlamentaban sucedía, el ejército se hunde en el pantano. ¿Pero es que no ves que es un pantano?
Con el tiempo el pantano se fue llenando y llegó el día en que los ejércitos podían llegar a la ciudad. Toda suerte de reyes, duques, hechiceros y maleantes se convirtieron en amos y señores de la ciudad. Sin embargo los habitantes de Hassëlmore no tardaron en descubrir que la gran ventaja de vivir en un pantano es que siempre hay un cacho de agua donde resolver los problemas de estado (aunque el pantano esté muy lleno).
La llegada del Rey
Cansados de convertirse en el escenario de pruebas del tirano de turno los habitantes de Hassëlmore decidieron buscar su propio Rey. Se convocó para ello un gran torneo para que valientes caballeros y algún que otro escudero – que decía haber arrancado una espada clavada en una roca, pero digo yo que para qué la arrancas, porque si estaba ahí sería por algo – demostrasen sus habilidades regias.
Y fue en este noble torneo donde el regio Tromatoso Comerrocas hizo su aparición.
Saliendo de entre el público el regio Tromatoso se plantó en medio de la zona de torneo. Aquello fue una contrariedad para los organizadores del evento, pues a nadie se le ocurrió incluir en las normas una clausula que impidiese la participación de un troll. Los aspirantes comenzaron a presentar quejas y reclamaciones, pero las normas eran claras. Además aquel troll de 3.30 metros de altura y brazos con la fuerza de un bulldózer parecía no querer moverse de la zona de combate.
Si alguien le hubiera preguntado hubiese sabido que se puso ahí, porque las gradas estaban llenas de gente y en cambio ahí en frente había un prado con mucho sitio libre, y no entendía porque la gente estaba apretada ahí, en esos asientos incómodos en lugar de ir allí donde el prado. Si alguien le hubiera preguntado hubiese sabido que él no sabía nada de ningún torneo, que él había venido siguiendo el olor a palomitas de maíz y a cola de rata de pantano frita. Si alguien le hubiera preguntado hubiese sabido que él no quería ser rey, porque él no sabía lo que significaba ser rey, además no entendía por qué un rey vive en castillos cuando se puede estar revolcando en el basurero.
Sin embargo nadie le preguntó, se limitaron a proclamarle Rey por incomparecencia del resto de contendientes, y así fue como Tromatoso Comerrocas se convirtió en Tromatoso I Rey de Hassëlmore, también llamado Tromatoso el Breve y Tromatoso el Único, porque su Regia Majestad había escuchado una expresión rimbombante cuyo sonido le gustaba particularmente, y consideró que aquella era la ocasión perfecta para usarla. Y así, cincuenta segundos después de su llegada al trono su Regia Majestad tomó su primera decisión política: proclamar la República.
Y en consonancia con su nuevo estatus su Regia Majestad adoptó el digo título de Su Republicana Majestad.
La época del SI y el NO
Desde un principio Su Republicana Majestad quiso ser un gobernante regio, severo e inflexible y desde el punto de vista de un troll eso consistía en decir NO a todo. Si le preguntaban que había que subir los impuestos, el contestaba NO, el pueblo le aclamaba y el asunto quedaba resuelto. Que había que sanear las cloacas de la ciudad, él respondía NO, murmullos y asunto resuelto. Que había que apagar un incendio… ¿Y quién iba a discutir al Rey Troll?
Así fue como tras unos años de peste y un par de incendios que a punto estuvieron de arrasar la ciudad, algún valiente Consejero anónimo se atrevió a mencionarle al Rey que no podía decir NO a todo. Tras la magnífica exposición de tan loable Consejero Su Republicana Majestad no lo dudó un momento, se lo comió allí mismo.
Eso hizo reflexionar al resto de Consejeros, pero también al propio Rey, quién consideró dar un giro de 180º a su política, y el NO a todo se convirtió en un SI a todo. Qué había que construir hospitales la respuesta era SI y el rey era aclamado. Qué había que sanear las cloacas, de nuevo SI., murmullos y asunto resuelto. Que hay que apagar incendios…
Los súbditos pronto aprendieron a aprovecharse de esta situación: Que si puedo dejar de pagar impuestos, que si puedo llevarme parte del oro del castillo, que si puedo volver a ser libre a pesar de que soy un asesino psicópata pillado en sus quehaceres…
En esta situación no tardó en surgir un visionario, Juanjo Fainas, quién realizó la siguiente sugerencia: ¿Puedo crear y dirigir una agencia estatal que se encargue de la recaudación y gestión de los impuestos y tributos a Su Republicana Majestad? Y así fue como Juanjo se convirtió, de la noche a la mañana, en el habitante más rico y poderoso de Hasëlmore.
Cuando el rey dijo SI otro de sus avezados Consejeros protestó, advirtiendo de lo que eso significaba. El Rey pestañeo, volvió a pestañear y, se lo comió, acontecimiento que hizo reflexionar nuevamente a los Consejeros del Rey. Y también al Rey. Significó el fin de la época del SI, y dio paso a la época de la GALLINA.
La pregunta de VITO RINO
Ocurrió que tras degustar a un Consejero rebelde Su Republicana Majestad se dio cuenta que no podía decir siempre SI a todo. Inicialmente pensó en volver a decir NO, pero recordó vagamente que esa política tendía a provocar incendios y eso no era bueno para la ciudad. Tras mucho reflexionar decidió que algunas veces debería decir SI y otras debería decir NO.
El nuevo día comenzó con su nueva política. Recordó haber dicho SI a la última petición del día anterior, así que optó por decir NO a la primera de las peticiones que le hicieran. Todos los Consejeros y ocupantes de la sala regia quedaron estupefactos, nadie esperaba esa respuesta ante una petición como aquella. Tampoco el camarero Real, quien esperaba con la bandeja del desayuno de Su Republicana Majestad. Su Republicana Majestad había contestado que NO quería desayunar. Asombrado el camarero regresó silenciosamente a la cocina, nunca habían tenido que tirar tanta comida.
Tras varios NO consecutivos parecía evidente que Su Republicana Majestad había dado comienzo a una nueva etapa política. Conocedores de esto los Consejeros se dispusieron a sacar partido de ello y uno de los más atrevidos se lanzó a realizar la siguiente propuesta: ¿Podemos no sustituir a Juanjo Fainas en su puesto? SI.
Todos los Consejeros se quedaron pálidos y con los ojos abiertos como platos. Aquello significaba que el cargo de Juanjo Fainas había adquirido un carácter vitalicio. Y vitalicio significaba exactamente hasta que se muriese (lo cual siempre tenía remedio).
Durante todo el día Su Republicana Majestad contestaba SI o NO indistintamente y eso preocupaba a los Consejeros ¿Cómo iban a dirigir la ciudad si no sabían cómo hacer las preguntas al Rey? Estas audiencias convirtieron la ciudad en un caos en menos de una semana y en las calles comenzaron a correr rumores de rebelión. Pero he aquí que a la situación se resolvió por sí sola.
Una mañana Vittorio di Nokapur (Vittori-no) acudió a la audiencia vespertina de Su Republicana Majestad. El bueno de Vittorio paso toda la noche preparando un discurso sobre un tema tan crucial para la ciudad como “El plan de mejora de la gestión de fertilizante en plazas, jardines y escuelas de vagabundos”. Vittorio se dijo a sí mismo que su discurso pasaría a la historia.
Esperó pacientemente en la sala de audiencias de Su Republicana Majestad hasta que fue anunciado su turno. Vittorio revisó sus notas por última vez y, con decisión y arrojo se dispuso a dar su charla de 20 minutos. Carraspeó. Al principio Vittorio tartamudeaba, pero poco a poco se fue haciendo con el discurso. Finalizó con una alegoría de lo que significarían las nuevas reformas, con el público completamente entregado. Cuando alzó la cabeza contempló como varios Consejeros asentían con la cabeza. Sin duda fue un gran discurso, un discurso que sin duda pasaría a la historia, tal y como Vittorio habría soñado.
Tras recibir el silencioso apoyo del Consejo Vittorio se giró hacia Su Republicana Majestad. Este le miraba fijamente, sin decir nada. Había un brillo de sabiduría en los ojos de Su Republicana Majestad. Todos esperaron inquietos, especialmente Vittorio, que recibía el real aliento en toda la cara (algo no muy higiénico) El tiempo siguió pasando ajeno a lo que ocurría a su alrededor. Su Republicana Majestad se irguió en toda su estatura con la mirada perdida en algún punto de la pared del fondo, cerró los ojos y… cayó.
Cayó en toda su longitud, con el cuerpo completamente inmóvil. Era como ver una caer una estatua de piedra de una tonelada, con la salvedad de que Su Republicana Majestad se había movido en alguna ocasión. Todos en la sala quedaron estupefactos sin saber muy bien qué hacer o qué decir. Bueno, todos no, concretamente Vittorio di Nokapur lo que quedó fue aplastado y, durante el resto de su vida, unos segundos, tenía muy claro que lo que quería era no estar ahí debajo.
Los Consejeros y resto de asistentes se congregaron en torno al cuerpo rígido de Su Republicana Majestad. Pronto surgió el dilema entre los miembros del Consejo de si aprovecharse o no de aquellas circunstancias, así que algunos se aprestaron a buscar un pico y un martillo con el que aliviar el sufrimiento de su Republicana Majestad. Desgraciadamente los miembros de la Guardia Real llegaron antes y se llevaron el cuerpo inmóvil de Su Republicana Majestad a sus aposentos.
Los Consejeros mandaron a buscar al Galeno Real, pero sólo por aparentar. En realidad tenían la esperanza de que Su Republicana Majestad no sobreviviera Por otro lado tampoco había muchos tratados de medicina troll de los que echar mano.
Sin embargo al día siguiente Su Republicana Majestad despertó.
Y así fue como el discurso de Vittorio di Nokapur, alias Vitorino, pasó a la historia en forma de dicho popular: “Aburres más que Vitorino a un troll”. (NdA: también se atribuye a Vitorino la autoría del dicho: “¡Oh, mierda!”, que según se dice pronunció en el momento en que su Republicana Majestad caía sobe él)
Enfermedad Troll
Cuando Su Republicana Majestad despertó él era el único que sabía lo que le había sucedido. Muchos creen que los trolls son tontos por naturaleza, pero eso no es del todo cierto. Los trolls son una raza muy inteligente, tienen un cerebro capaz de escribir enormes tratados de Mecánica Cuántica mientras juegan al ajedrez diez partidas simultáneas con grandes maestros. Lo que sucede es que a los trolls pensar les produce estrés. De hecho no hay nada más estresante para un troll que ponerse a pensar.
La humanidad también padece esa enfermedad. Lo que sucede es que cuando un humano sufre de estrés le da por morderse las uñas o se pone a gritar o se le cae el pelo o le da por hacer cosas peores. Cuando un troll sufre de estrés simplemente cae inconsciente – y si tuvieran pelo también se les caería.
Y claro, cuando vives en un bosque, te conviertes en piedra con la luz solar y caes inconsciente cada vez que piensas, no es más que una simple cuestión de selección natural que los más tontos sean la raza dominante.
Volviendo a nuestra historia nos queda claro que Su Republicana Majestad sufrió un ataque de estrés. Y es que decidir constantemente si responder SI o NO es una tarea verdaderamente estresante para un troll.
Su Republicana Majestad despertó con una sensación extraña en el cuerpo: hambre, por lo que decidió coger lo primero que tenía a mano y comérselo. El Galeno Real realizó un gran descubrimiento a ese respecto, y fue que era él lo que Su Republicana Majestad tenía más a mano. Una vez aliviado el apetito Su Republicana Majestad observó a los presentes, y les ordenó marcharse.
A solas Su Republicana Majestad llegó a la conclusión de que caer en la inconsciencia regularmente no sería bueno para su salud por lo que decidió encontrar una manera de no tomar decisiones y seguir siendo tan magnánimo como antes. Acto seguido Su Republicana Majestad volvió a caer inconsciente. Pensar sobre aquello era demasiado estresante.
La época de LA GALLINA
Y fue así como Su Republicana Majestad, tras recobrarse de su último ataque de estrés, decidió salir a dar una vuelta por el estercolero de palacio. Allí Su Republicana Majestad observó como las gallinas se alimentaban del estiércol y las basuras. A veces picando a izquierda, a veces picando a derecha. Y he aquí que Su Republicana Majestad encontró la solución a los problemas del Reino. Cogió una de las gallinas y se la comió. Se percató de que no era ese el motivo por el que la había cogido y eligió otra.
Al día siguiente Su Republicana Majestad apareció en la sala del trono acompañado de la Gallina Real. El Mayordomo Real cogió la gallina y la colocó en un lugar bien visible para Su Republicana Majestad. Las primeras audiencias tuvieron lugar, y Su Republicana Majestad respondía SI o NO dependiendo de si la gallina comía el alpiste a izquierda o a derecha (o al revés, porque la verdad es que se le olvidaba)
Pasaron meses antes de que los Consejeros se percataran de como tomaba Su Republicana Majestad las reales decisiones. Tuvo que suceder que un día hubo un conflicto entre dos granjeros. Junto a ellos había un gallo muy lustroso. Mientras estos esperaban su turno la gallina no hacía más que mirar al gallo, tomando siempre el alpiste de ese lado (lo cual resultó en dos series de NOes y otra de SIes).
Cuando llego su turno ambos granjeros reclamaban el gallo como suyo y Su Republicana Majestad esperó el picoteo de la Gallina Real. Esta estaba tan ensimismada contemplando al gallo que no picoteaba y Su Republicana Majestad no emitía veredicto alguno. Toda la sala esperaba.
Finalmente, picoteo al centro, ni izquierda, ni derecha, y Su Republicana Majestad dictaminó que ambos tenían razón. Para tristeza de la gallina – y especialmente del gallo- a cada granjero se le asignó su parte del gallo tras una precisa operación de hacha.
Así pues los Consejeros, conscientes de como Su Republicana Majestad tomaba las decisiones, comenzaron a llevar sus propios gallos a la sala. No tardó en correr el rumor entre el pueblo llano, que comenzó a hacer lo propio. En menos de un mes la sala de audiencias de palacio terminó por convertirse en un gallinero repleto de gallos y con una sola gallina.
Sorprendentemente este hecho sirvió para propulsar la economía de la ciudad. Por un lado granjeros de todos los rincones del Reino alquilaban sus más lustrosos gallos a todos aquellos dispuestos a ganar su audiencia, y por el otro, ingentes cantidades de dinero que se invertían en abogados empezaron a emplearse en cosas útiles.
Esto dio lugar a un nuevo refrán popular: “Más vale gallo lustroso que abogado.”
15. El último dungeonero.
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No me digais que no es sospechoso.
Jooo, yo que querría hacer chistes no-frikis. Y me estan saliendo unos que hacen falta un cursillo de flipado para entenderlos.

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